miércoles, 26 de mayo de 2010

Tocar dinero no es elegante

Es posible aceptar la hipótesis de que nuestra psiquis posee una parte inconsciente, que nos gobierna.

Aceptar esta hipótesis, implica aceptar que estamos determinados (sin libre albedrío).

Es posible suponer que para muchas personas es imperioso creerse superior al resto de los animales.

Suponer que un órgano inconsciente nos gobierna tanto como el instinto gobierna a los demás animales, puede provocar una herida narcisística tan profunda, que descompense a los más sensibles.

Para este enorme grupo de defensores de la racionalidad, de la autonomía y del libre albedrío, somos diferentes y superiores al resto de los animales.

A esas personas tan vulnerables, les puede interesar saber que estas no son más que hipótesis, que pueden o no verse confirmadas algún día.

Aunque nuestros pensamiento cotidiano (consciente), está permanentemente actualizado por el principio de realidad (sabemos que día es hoy, qué está pasando en el resto del mundo, a cuánto se cotiza la moneda extranjera), nuestra psiquis responde a criterios mucho más primarios, ancestrales, filogenéticos, históricos, quizá también simiescos.

En un artículo publicado hace poco con el título Menos orgasmos y menos salario, les decía que alrededor del 66% de las mujeres no tienen orgasmos. Algunas, nunca lo experimentaron.

Asociaba este fenómeno con la feminización de la pobreza, esto es, que la mayoría de los pobres son mujeres.

En nuestra cultura, en nuestro inconsciente, suponemos que el dinero es una cuestión de hombres y de prostitutas.

Ya sé que usted no piensa así, pero lo que le digo es que usted, yo, todos funcionamos así, aunque conscientemente opinemos lo contrario.

En ese núcleo primitivo de nuestra psiquis, las mujeres respetables no tienen que usar dinero. Si lo hicieran, se denigrarían como prostitutas.

Felizmente, existen las tarjetas de crédito, aún cuando sea un hombre quien tenga que cancelarlas.


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