sábado, 1 de mayo de 2010

Las leyes inviolables

Durante los escasos cien años que tenemos de vida, estamos sometidos a las leyes naturales igual que las demás especies de seres vivos animales y vegetales.

Los humanos nos convertimos en la especie más rica en inteligencia porque somos la especie más pobre en instinto.

Decir que somos la más rica no implica hablar de una ventaja, un mérito o un don maravilloso sino que es el resultado de una simple comparación cuantitativa: los demás seres vivos tienen menos inteligencia simplemente porque no la necesitan.

Formamos parte de un todo universal, que a su vez está regido por ciertas leyes de funcionamiento sobre las que no influimos en absoluto sino todo lo contrario: estamos permanentemente influidos (determinados, gobernados) por ellas.

Claro que nuestra conducta natural produce cambios en el universo. Por ejemplo:

— podemos cambiar el recorrido de un río (algo que también hacen los castores [imagen]);

— combinamos productos para fabricar otros nuevos (algo que también hacen las abejas);

— matamos a otros seres vivos para alimentarnos (algo que también hacen todos los demás seres vivos integrantes de alguna cadena alimentaria);

… y la lista podría continuar con otros ejemplos que usted conoce.

También son propios en casi todas las especies los cambios de conducta adaptativos:

— los peces responden a las corrientes submarinas;

— los vegetales se mueven buscando la mayor cantidad de luz;

— las mascotas aprenden a controlar sus evacuaciones para seguir aprovechando del amo que los alimenta.

Si bien los humanos no disponemos de libre albedrío porque estamos sometidos a esa leyes naturales que condicionan el universo que integramos, sí disponesmos de conductas adaptativas como los demás seres vivos.

Por eso, si descubrimos que nos conviene evitar la pobreza (escasez de recursos), haremos todos los intentos posibles para evitarla.

Este es mi caso y quizá también el suyo.

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