martes, 1 de mayo de 2012

El placer de sentirnos culpables



Cuando la naturaleza nos prepara para reproducirnos, subjetivamente creemos ser quienes hacen observaciones, comparaciones y razonamientos para controlar esos fenómenos.

Hombres y mujeres conversamos entre nosotros sobre los asuntos del amor:

1) «Mamá, ¿tú crees que Verónica gusta de mí?»
2) «Miguel es encantador y ¡qué hermosos ojos tiene! ¿Crees que le gusto?»
3) «Necesito tu consejo de amigo, ¿qué le regalo a María para su cumpleaños?»

Desde el punto de vista de quienes creen poder autogobernarse para controlar sus vidas (1), los personajes están pensando en qué deberían hacer para lograr los resultados más favorables para sus intereses personales:

1) Aprovechar el deseo de Verónica en beneficio propio;
2) Aprovechar el deseo de Miguel en beneficio propio;
3) Seducir o sobornar a María en beneficio propio, mediante la entrega de un regalo adecuado.

Desde el punto de vista determinista, aceptando el supuesto que todos estamos determinados por la naturaleza que se expresa plenamente a través de nuestro cuerpo, estas personas están segregando ideas alineadas (afines, concordantes) con lo que les está aconteciendo corporalmente.

Quienes se enamoran están siendo preparados orgánicamente para fecundarse y preservar la especie (2).

El enamoramiento es la sensación humana de esos preparativos que tienen todas las especies cuando el ciclo vital que les es propio, se prepara para la reproducción (estro, ovulación, celo).

Como si estuviéramos en un mundo paralelo, nuestras mentes creen estar actuando antes de que los acontecimientos reales ocurran (excitación sexual, coito, embarazo). Sin embargo, es probable que estén ocurriendo en simultáneo pero que los percibamos como anteriores en el tiempo para satisfacer la necesidad que tenemos de imaginarnos con libre albedrío, responsables de nuestros actos, héroes en los aciertos y tristes fracasados cuando los hechos los evaluamos humanamente negativos (aborto espontáneo, esterilidad, malformaciones).

Por esto procuramos sentirnos culpables: para sentirnos autogobernados.



Otra mención a «los beneficios de sentirnos culpables»:


(Este es el Artículo Nº 1.539)

1 comentario:

Sin libre albedrío dijo...

Interesantes artículos deterministas, totalmente de acuerdo con ellos.

El libre albedrío no existe por más que nos ilusione tenerlo. Eso se puede demostrar por medio de la filosofía, matemáticas, física, biología, psicología o neurología. Además, la moral no necesita del libre albedrío, pues sigue siendo útil en el determinismo o el azar (indeterminismo). Así pués, la discusión se debería centrar en cómo debemos vivir sin libre albedrío, cómo podemos ser felices sin libertad. Todo eso es lo que analizo en mi libro: "Cómo vivir feliz sin libre albedrío" al que podéis acceder gratuitamente en http://www.janbover.org
Saludos,
Jan