Los desocupados
colaboran, sin darse cuenta, en controlar la inflación.
Podría decir que «La indiferencia es rentable», si fuera capaz de fundamentarlo.
Podría decir que «La necesidad nos quita fuerza negociadora», si fuera
capaz de fundamentarlo.
Veamos un ejemplo de cada caso:
— Si comprar o no comprar un cierto objeto me da lo mismo,
(indiferencia), no estaré dispuesto a hacer cualquier esfuerzo con tal de tenerlo.
Lo obtendré solo en el caso de que sea muy barato o en el caso de que me lo
regalen.
— Si estoy desesperado por tener un cierto objeto (necesidad), quizá
esté dispuesto a pagarlo más caro de lo que vale.
Desde hace varios siglos, los economistas no han logrado disminuir la
pobreza pero saben colaborar con ella cuando sugieren que para evitar la
inflación es necesario que haya trabajadores desocupados.
¿Cómo funciona esto?
Si no es fácil conseguir trabajo los desocupados serán personas que
bajen sus pretensiones de ganar mucho dinero porque, como dije más arriba, «La
necesidad nos quita fuerza negociadora».
Por el contrario, si el índice de desocupación es muy bajo, son los
empresarios quienes padecerán la necesidad de trabajadores y, por lo tanto, serán
los empresarios quienes padecerán «La necesidad que les quita fuerza
negociadora». Como los empresarios no pueden producir si no obtienen ganancias,
habrá un fenómeno inflacionario porque los costos de los empresarios serán
mayores al tener que pagar salarios más elevados.
La indiferencia equivale a la saciedad y la necesidad equivale al
hambre.
Si los empresarios ofrecen puestos de trabajo muy codiciados por muchos
desocupados, se sentirán como reyes, pero si necesitan trabajadores y no los
encuentran, esos mismos reyes se sentirán como pordioseros.
El hambre y la saciedad determinan todos los fenómenos de la economía.
El órgano rector de esta ciencia no es el cerebro sino el estómago.
(Este es el Artículo Nº 2.114)
●●●
No hay comentarios:
Publicar un comentario