domingo, 6 de abril de 2014

Los padres no hacen a los hijos


Los padres, por error, suelen sentirse culpables de los infortunios de los hijos, sin tener en cuenta que ellos no los hicieron sino que solo obedecieron un mandato de la Naturaleza que determina el fenómeno reproductivo de todos los seres vivos.

En las enfermedades de nuestros hijos solemos tener una cierta conducta provocada por el sentimiento de culpa. Los padres (especialmente las madres) creen que el niño está enfermo, que se accidentó o que tiene un mal desempeño escolar por culpa de ella, porque ella hizo algo mal.

Esto no es así.

Vale la pena repetirlo: «Esto no es así».

Los padres solo cumplen las leyes naturales: se excitan sexualmente, copulan, se fecundan, gestan, paren, alimentan, igual que cualquier otro animal.

En la construcción de ese nuevo ser no hicieron nada que tuviera que ser responsable. Solo respondieron a instintos tan imperativos como dormir, respirar, alimentarse, evacuar residuos digestivos.

Ni el padre ni la madre son hacedores del nuevo ser. Son sus respectivos cuerpos los que actúan automáticamente, como ocurre con los latidos del corazón, la digestión, el rechazo de microorganismos invasores.

La sobreprotección, el exceso de mimos, la respuesta inadecuada ante la enfermedad del pequeño ocurren porque también es inadecuada la interpretación de los hechos. Si una madre cree que es culpa de ella que el hijo se halla enfermado de sarampión, o de que tenga fiebre, vaya uno a saber por qué, se pondrá como loca tratando de reparar el error que cometió.

Esto no es así: ella no cometió ningún error cuando quedó embarazada, ni cuando lo gestó, ni en ningún otro caso en que estuvo siendo usada por la Naturaleza para cumplir un ciclo vital presente en todas las especies.

Aunque le cueste creerlo, ella posee un escasísimo protagonismo en todas las peripecias vitales de sus hijos, sin dejar de reconocer que la colaboración que pueda darles a esos nuevos seres tan vulnerables podrá ser buena, regular o mala.

En otras palabras: los nuevos ejemplares tienen en sus padres a los colaboradores predeterminados por la Naturaleza, aunque, como ya sabemos, ni son imprescindibles ni totalmente responsables de la suerte que les vaya tocando: integración genética, instinto materno básico, accidentes, franja socio económica y cultural de los padres, y esa larga lista de circunstancias que parecen premiarnos o castigarnos a lo largo de toda la vida.

(Este es el Artículo Nº 2.160)


Pensar es un deporte


Quienes están determinados para estudiar y pensar son personas débiles, que  no hacen lo que quieren (libre albedrío), sino que están determinadas para ser como son.

Suelo comentar con ustedes algunas ideas que intentan fundamentar por qué el libre albedrío no existe, en tanto estamos 100% determinados por una cantidad enorme de estímulos que nos inducen a hacer o no hacer todo eso que hacemos o no hacemos. (1)

Esos estímulos son, por ejemplo: genéticos, ambientales, sociales, climáticos, históricos.

En este artículo y video me concentro en repetir la idea, pero agregando que la mayoría de los seres humanos ni piensa ni estudia y sin embargo viven.

Cuando digo la mayoría estoy sugiriendo, además, que es muy probable que sea correcto dejarse llevar por los factores que nos determinan pues, al creer en el libre albedrío y suponer que podemos tomar buenas decisiones pensando y estudiando mucho, estamos siendo llevados (determinados) por una creencia sin fundamento.

Sin embargo, si pudiéramos ser objetivos en la evaluación de estos asuntos, quizá llegaríamos a la conclusión que a los humanos no nos va igual en la vida estudiando y pensando que prescindiendo de esas actividades.

Por el contrario, quienes estudian y piensan asuntos referidos a la existencia y cómo administrarla, tienen vidas diferentes a las de quienes prescinden de esas ocupaciones.

Este hecho no necesariamente indica que es posible controlar la existencia, (como opinan los creyentes en el libre albedrío), sino que también puede significar que algunas personas están determinadas para hacer ciertas tareas (estudiar, pensar) y no otras.

¿Qué les ocurre a quienes estudian y piensan? Probablemente son más esclavos de eso que leen y piensan y, al ser más esclavos, son más previsibles, obedientes, sumisos, controlables, gobernables, gracias a lo cual reciben premios de los padres, maestros, gobernantes y la sociedad en su conjunto.

En otras palabras, no es que los estudiosos y pensadores sean mejores porque hacen eso, sino que estas particularidades suelen estar asociadas a personas sumisas, temerosas de transgredir las normas, muy dependientes de la opinión ajena. Esos rasgos de temperamento los convierten en ciudadanos escasamente problemáticos, por lo cual son premiados, mimados, cuidados.

Una persona estudiosa y que piensa quizá tenga buenos ingresos económicos porque consigue mejores trabajos, (porque tiene buen comportamiento en general), quizá tenga más poder porque este le es asignado a quien es poco probable que abuse de él, seguramente tenga amigos con un perfil similar al suyo («dime con quién andas y te diré quién eres»), gracias a lo cual quizá también así aumente su cuota de poder socialmente legitimado.

En suma: Quienes están determinados para estudiar y pensar son personas débiles, inseguras, sumisas, obedientes, que tienden a ser previsibles, probablemente honestas (por temor a los castigos), sinceras (por temor a la crítica), disciplinados (para recibir la aprobación de jefes y compañeros), solidarios (por temor a quedarse desprotegido). Es decir: no hacen lo que quieren (libre albedrío), sino que están determinados para ser como son.

(1) Los artículos sobre este tema se concentran en un blog titulado Libre albedrío y determinismo.

(Este es el Artículo Nº 2.174)


La necesidad de creer en el libre albedrío


Nadie cree en el libre albedrío o en el determinismo porque quiere. Estamos determinados para creer en uno o en otro. Por ejemplo, si usted cree en el libre albedrío, observe cómo no puede creer en el determinismo. El cerebro le hará pensar que este es un error.

Esta es una de mis obsesiones: el libre albedrío. A los lectores de Internet puede servirles porque esta es una patología, (la obsesión), bastante útil pues aumenta la dedicación que alguien puede aplicarle a ciertos temas.

En otras palabras, como este asunto me angustia especialmente, trato de desangustiarme pensando, escribiendo, publicando artículos en un blog (1).

Las promesas incumplidas ¿son mentiras que se descubren por el no cumplimiento? No. Las promesas incumplidas ocurren porque tanto quien promete como quien confía en el cumplimiento de esa promesa, creen en el libre albedrío. A ninguno de los dos se le ocurre pensar que están tomando decisiones sobre asunto que no pueden controlar. Decirle a alguien «Siempre te amaré» es exactamente lo mismo que decirle «Le diré al presidente de los Estados Unidos que te mande mil dólares de regalo».

¿Por qué alguien puede creer en una promesa de amor y duda sobre la influencia que el prometedor tiene sobre otra persona? Porque el crédulo, que cree en la promesa de amor, supone que el prometedor puede cumplir lo que dependa de su voluntad, (dado que dispone del libre albedrío), pero es menos probable que pueda hacer cumplir a otro, (quien también dispone de libre albedrío), a quien difícilmente pueda controlar su voluntad.

Quienes creen en el libre albedrío no podrían dejar de creerlo porque sería grande el placer que perderían.

El principal componente de ese placer es la sensación de poder, de autodeterminación, de libertad. Quien pueda decir «Hago lo que se me antoja», se siente más poderoso que otro que solo pueda decir «No sé qué será de mí porque estoy determinado por factores que están fuera de mi control».

De hecho, nadie cree en el libre albedrío o en el determinismo porque quiere. Estamos determinados para creer en uno o en otro. Por ejemplo, si usted cree en el libre albedrío, observe cómo no puede creer en el determinismo. El cerebro le hará pensar que este es un error.


(Este es el Artículo Nº 2.152)


domingo, 2 de marzo de 2014

El dinero equivale a votos electorales


Después de muchas décadas de equilibrio en el reparto del poder, (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Prensa), vuelve a concentrarse, ahora en manos  del poder financiero, desequilibrando otra vez la toma de decisiones.

En un artículo de reciente publicación (1), les comentaba:

«Lo que en realidad hace un inversor es dar una orden a muchos trabajadores para que hagan la tarea que es el objetivo de la inversión, por ejemplo: “construyan una escuela”, cuando invierte en educación; “planten árboles”, cuando invierte en forestación, etc.».

Hace muchos años, en Uruguay, la democracia representativa tenía un defecto gravísimo: los grandes empresarios concurrían al lugar de votación con sus empleados para que estos votaran al candidato que el patrón les ordenaba.

La solución que se encontró fue perfeccionar las condiciones del voto secreto. El organismo encargado de organizar el acto eleccionario (Corte Electoral) toma todas las precauciones para que los ciudadanos sean realmente libres de votar a quien quieran, sin tener que obedecer órdenes de nadie.

Como digo en el artículo mencionado al principio, los inversores son, en última instancia, personas que determinan dónde se aplicará el trabajo que está representado en el dinero que ellos invierten.

Obsérvese cómo a veces la historia se repite, con ligera variantes, pero se repite.

Quizá fue en el siglo 19 cuando se hicieron los intentos más serios de esparcir el poder y mejorar el sistema democrático. La creación de los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, permitió un mejor equilibrio en la toma de decisión. A eso correspondería agregar el concepto libertad de expresión que, en los hechos, consolidó un cuarto poder: la prensa.

Todo esto funcionó más o menos bien, pero desde hace unas cuantas décadas el poder volvió a concentrarse y las decisiones volvieron a desequilibrarse porque ahora los únicos que gobiernan cualquier nación son unos pocos capitalistas de enorme fortuna. Usted habrá oído hablar del poder financiero.

En suma: aquellos ricos que les ordenaban a sus trabajadores que votaran al candidato que les daría más riqueza, ahora vuelven a hacer lo mismo si tenemos en cuenta que el dinero es, en realidad, trabajo acumulado.

El poder financiero funciona como si fueran los gobernantes absolutos de millones de trabajadores que, virtualmente colocan en las urnas de votación lo que el amo (el banquero, administrador de esa fuerza laboral concentrada en cada billete), les ordene.

Desde otro punto de vista, si un inversor dice dónde financiará construcciones que darán ocupación a los ciudadanos de un país, le pondrá condiciones al gobernante, que este no tendrá más remedio que obedecer.


(Este es el Artículo Nº 2.134)


La ignorancia que necesita nuestra especie


Quizá necesitemos ignorar por qué existe la desigualdad socio-económica generadora de ricos y de pobres.

Les planteo una hipótesis que podría explicar la existencia de la pobreza.

1) Aunque somos animales mamíferos como tantos otros (perros, gatos, caballos), ninguna de las otras especies sufre tanta desigualdad en la disponibilidad de recursos como sufrimos los humanos. Por lo tanto, además de diferenciarnos porque hablamos, hacemos grandes construcciones y vivimos muchos años, también nos caracterizamos porque entre nosotros existen desigualdades significativas en la posesión de bienes;

2) Aunque existen muchas especies, —mamíferas o no—, que son gregarias (que viven en grandes comunidades), los humanos funcionamos como un todo, es decir, mantenemos una interacción entre los ejemplares que nos lleva a funcionar como si la especie fuera un gran organismo, que tiene cabeza, cuerpo, órganos vitales, aparato circulatorio;

3) Por esta condición de formar un gran organismo, cada uno de nosotros participa (sin darse cuenta) ejerciendo algún rol, ya sea de mando, de ejecución, de administración, de combate, de salvataje, de gestación de nuevos ejemplares, de curación, de legislación, y muchos otros;

4) Por esta condición de formar un gran organismos y de tener asignados roles, también tenemos asignados recursos materiales que determinan nuestras condiciones de vida. Sin que aun podamos explicarlo, muchos tienen que ser pobres, muchos menos tienen que ser ricos y varios tienen que tener posesiones de nivel intermedio. Proporcionalmente, muy pocos ejemplares migran de una condición a la otra, aunque todos deseamos la riqueza y huimos de la pobreza.

Como en un organismo humano, el aparato circulatorio de la especie nos asigna desiguales cantidades de sangre a cada ejemplar-célula.

En suma: así funciona nuestra especie. Esa desigualdad nos provoca reacciones necesarias para el funcionamiento orgánico. Si encontráramos una explicación satisfactoria sufriríamos un daño importante porque una parte de la energía vital surge de la disconformidad y de luchar por mejorar o defender nuestra situación. La incomprensión del fenómeno nos mantiene activos. Si lo entendiéramos perderíamos esa parte de la energía vital.

(Este es el Artículo Nº 2.133)


La voluntad de los poderosos


Las declaraciones voluntaristas de Ban Ki-moon son, para los más desfavorecidos económicamente, como un salvavidas de piedra para quien se está ahogando.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon (nacido en Corea del Sur en 1944), en un mensaje para conmemorar el Día Mundial de la Justicia Social, indicó que la brecha entre ricos y pobres se expande no sólo entre países, sino también dentro de estos. Destacó que las circunstancias en que una persona nace, donde vive o a qué género o grupo étnico pertenece no deben nunca determinar el nivel de sus ingresos o su acceso a la educación, servicios de salud, trabajo decente, vivienda, agua potable o participación política.

Esta información la extraje del diario digital El Arsenal.net, en su edición del 24-02-2014.

Es importante que exista un Día Mundial de la Justicia Social para asegurarnos de que la INjusticia social tendrá larga vida, en tanto este objetivo (lograr la Justicia Social) nunca podrá ser alcanzado dedicándole un día por año.

Al día siguiente de realizar los actos protocolares que se acostumbran en estos organismos mundialmente inútiles, todos habremos lavado nuestros pecados y seguiremos participando en la Injusticia Social, aunque solo sea como testigos irresponsables, es decir, cómplices.

¿Así que, según Ban Ki-moon, las circunstancias en que uno nace, dónde vive o a qué género o grupo étnico pertenece, no deben nunca determinar el nivel de sus ingresos o su acceso a la educación, servicios de salud, trabajo decente, vivienda, agua potable o participación política?

Parecería ser que “no deben nunca determinar” porque él lo dice, como un Dios que dijera “Hágase la luz” (y la luz se hiciera).

Los hechos parecen insistir en que todos esos factores que Su Majestad de la ONU enumeró, sí determinan y lo hacen fuertemente.

Propongo pensar que estos disparates sean desoídos, que no formen parte de lo que hablamos y escribimos para que las cosas mejoren. ¿Cuánto tiempo perdemos anestesiados por una alocución tan fuera de lugar, por el solo hecho que proviene de una personalidad importante?

Lo que dice Ban Ki-moon equivale a decir que las circunstancias personales nunca deben determinar cómo nos va en la vida. Para él, no es relevante ser católico en Israel, enano en los países nórdicos, tonto en una colectividad híper-competitiva, homosexual en una comunidad homofóbica, torpe pero con vocación deportiva, sordo o miope en cualquier país.

Según este gran personaje de una gran institución (lo digo con ironía), ninguna diferencia debe importarnos porque para eso están las intenciones igualitarias de los híper poderosos y voluntaristas.

Este tipo de declaraciones son, para quienes sufren la peor parte de las desigualdades en la distribución de la riqueza, como tirarle un salvavidas de piedra a quien se está ahogando.

(Este es el Artículo Nº 2.132)


El enamoramiento y su evolución esperada


El enamoramiento es un fenómeno mental provocado por una transitoria sensación de completud, alcanzada por una imaginaria fusión entre dos personas recíprocamente enamoradas.

Nunca está de más hacer algún comentario sobre el amor. En este caso, destinaré unos pocos párrafos a la enfermedad mental asociada, esto es, el enamoramiento.

Escribiré como si supiera, para que usted, acostumbrado a leer lo que escriben personas que se creen sabihondas, no extrañe. Si yo dijera honestamente que ni yo ni nadie sabe algo, usted podría aburrirse y no leer todo.

La psiquis tiene varias características muy notorias; una de ellas es que se angustia cada vez que se da cuenta de cuán incompletos somos. No solamente somos tristemente vulnerables, sino que además nacemos diez o doce meses antes. Todo andaría mejor si fuéramos gestados en unos 20 meses. En este caso saldríamos del útero un poco mejor terminados.

Esta carencia (la incompletud) es determinante de una cantidad de reacciones que no tendríamos si naciéramos tan perfectos como los demás mamíferos (perros, gatos, caballos).

Todos conocen el dibujo del burro y la zanahoria. Pues bien, ha llegado el momento de que usted sepa que ambos personajes, (el burro y la zanahoria), representan al ser humano: el burrito persigue a la zanahoria así como los humanos perseguimos a otra persona creyendo que, si contáramos con su compañía, abandonaríamos definitivamente esa insoportable sensación de incompletud.

Pues bien, como en todas las especies mamíferas, nuestra hembra es la que seduce a, por lo menos, un macho, quien, a partir de ese momento ingresa en un estado pre-psicótico porque lo invade la omnipotencia, la soberbia, el delirio de grandeza y otros síntomas de la misma enfermedad: psicosis delirante aguda, vulgarmente llamada enamoramiento.

Si el varón responde adecuadamente, la mujer ingresa en una patología similar y también imagina que a partir de ahora terminarán para siempre las penosas sensaciones de incompletud. Como ambas locuras son similares y complementarias, la pareja ingresas en el mismo cuadro: el enamoramiento.

¿En qué consiste este síndrome (el enamoramiento)? En que ambos se imaginan completos; pierden transitoriamente la lucidez de reconocer que uno es el burro y que la otra es la zanahoria, objetivamente separados y distantes.

La Naturaleza ha dispuesto que esta locura a dúo, sea reversible y, cuando la mujer ha dado por terminada su gestación de nuevos ejemplares, paulatinamente comenzará a darse cuenta que está incompleta.

Seguidamente, al varón le ocurrirá lo mismo porque ella comenzará a enviarle señales de prescindencia (es decir, que puede prescindir de él).

Estos dos seres, ahora padres de algunos hijos, recobran la salud mental pero sintiéndose apenados porque, por la propia sabiduría de la Naturaleza que procura la conservación de las especies, aquella patología fue más gratificante que la horrible realidad, es decir, que somos irremediablemente incompletos.

(Este es el Artículo Nº 2.147)