viernes, 2 de mayo de 2014

No sabemos por qué está prohibido el incesto

 
Cuando encuentre alguna explicación sobre la prohibición del incesto tenga en cuenta que es una hipótesis, solo una hipótesis: no es la verdad.

Para los niños y los animales, el incesto no existe. Mejor aun: para la Naturaleza no existe el incesto. Las especies se reproducen juntándose un macho con una hembra, en ciertas épocas, cuando las hembras lo determinan (período de celo, período de ovulación).

Por lo tanto, la prohibición del incesto es un producto de las culturas. El hecho de que en casi todas las culturas, (dije ‘casi todas’, no dije ‘todas’), esté presente esta norma no asegura que sea correcta, ni mucho menos natural.  

Cuando los adultos observan los deseos eróticos de los niños hacia familiares directos (padres, hermanos, tíos), entran en pánico.

Un adulto en estado de pánico puede hacer cualquier desastre porque se vuelve loco. Los escándalos que ocurren dentro de las familias por este tipo de reacciones neuróticas graves (el pánico por el posible incesto), suelen ocultarse de forma categórica.

«De esto que pasó no se habla más ¿quedó claro?», dice alguien con suficiente poder y todo el mundo acata sin chistar porque, lo que ocurrió fue gravísimo.

En realidad no ocurrió, ni estuvo a punto de ocurrir, nada que esté fuera de las normas de la Naturaleza. Nadie es un desnaturalizado, solo la visión cultural lo considera aberrante.

La locura de los adultos, aterrados por lo que ocurrió o casi ocurre, es contagiosa y deja marcas imborrables en el inconsciente de quienes viven la situación. Como esta tragedia debe ocultarse, parece caer en el olvido pero algo significativo queda activado: el pequeño que actuó naturalmente se quedará con la sensación de que su instinto lo traicionó, lo indujo a querer hacer algo terriblemente prohibido, que le acarreó gritos, insultos, golpes, penitencias, condenas, sanciones, reprobación, gestos de furia y de desprecio.

Pero todo esto solo sería grave si no fuera porque además el pequeño no recibe ningún tipo de explicación que pueda comprender. Por no recibir ninguna explicación que él pueda entender, el hecho se convierte en gravísimo.

Estas situaciones que ocurren en casi todas las familias, se viven con honda mortificación. El secreto familiar hace que cada uno se sienta el único ser monstruoso del planeta. El golpe que recibe sobre su autoestima es feroz. La obligación de olvidar convierte a esta historia universal en un sentimiento vitalicio de calvario personal.

Ni yo ni nadie sabe por qué existe la prohibición del incesto y sus lamentables consecuencias.

Recuerde esto: cuando encuentre alguna explicación sobre la prohibición del incesto tenga en cuenta que es una hipótesis, solo una hipótesis: no es la verdad.

(Este es el Artículo Nº 2.192)


Izquierda y medicina




Probablemente así opinan muchos médicos: Como para morir hay que estar vivos, entonces la mejor fórmula para no tener problemas de salud es vivir con la menor intensidad posible. Cuanto más cerca estemos de la muerte menos problemas tendremos con la vida.

La medicina imagina a la sociedad donde ejercen su profesión como una gran cantidad de ejemplares que deben ser atendidos colectivamente, aunque parezcan ser atendidos uno por uno.

Ellos determinan qué no le hace mal al más débil de nosotros y esa es la política sanitaria que nos aplican a todos.

¿Por qué aplican este criterio tan restrictivo? Porque lo fundamental es que ellos no tengan denuncias por mala praxis. Alguien denominó a este criterio como medicina defensiva. La filosofía no podría ser más conservadora.

Muchos ciudadanos creen que cuanto más restrictiva es la política sanitaria mejor nos cuidan. Quizá sean personas que anhelan un cónyuge celoso porque suponen que la represión es un indicador de amor. Más aun: sería coherente con esta forma de pensar que ellos mismos, (quienes interpretan que los celos son una buena señal), desearían encarcelar a quien aman, para que no se les escape, para que siempre lo tengan bajo control.

Así funcionan los regímenes despóticos, esa es la vocación de los gobernantes de izquierda y también es la práctica de los sistemas de salud. El control policíaco de los usuarios hará que estos nunca tengan problemas y que nunca se les ocurra denunciar si algo sale mal, pues sus personalidades son llevadas a la máxima sumisión y temor. Los médicos dicen, sugieren o amenazan con que los desobedientes serán severamente castigados cuando necesiten la ayuda profesional.

Por lo tanto, así como los gobiernos de izquierda no tienen una idea mejor que emparejarnos económicamente hacia abajo, los médicos autoritarios y que cuidan su parcela de poder, nos imponen regímenes tan estrictos como el que no les haría daño al más débil de los usuarios.

Como para morir hay que estar vivos, entonces la mejor fórmula para no tener problemas de salud es vivir con la menor intensidad posible. Quizá piensen que, cuanto más cerca estemos de la muerte menos problemas tendremos con la vida.

(Este es el Artículo Nº 2.187)

Determinismo y suicidio



 
El determinismo parece un punto de vista más acertado que el libre albedrío, sin embargo creemos en el libre albedrío porque es más placentero que el determinismo.

Nuestra autopercepción está condicionada por las creencias. Por ejemplo, si creemos que el planeta Tierra está en el medio del Universo, todas nuestras percepciones se adecuarán a esta creencia.

Recibimos estímulos de nuestros cinco sentidos y luego percibimos elaborando la percepción según esas creencias. Nunca percibiremos algo en cuya existencia no creamos, y al revés: es probable que percibamos en función de nuestras creencias, inclusive cuando esta percepción pudiera negar los estímulos sensoriales.

Esto nos lleva a la conclusión de que todo lo que percibimos podría ser verdadero o falso, dependiendo del acierto o del error de las creencias con las que interpretemos esos estímulos sensoriales.

Por ejemplo, y con sentido del humor, le comento que si alguien tiene cáncer en un pulmón, será muy difícil convencer a los demás que no es fumador, o que no vivía en un ambiente con humo de tabaco, o que alguien en su país no fumó alguna vez.

Casi todo el mundo cree en el libre albedrío. Esto nos impide aceptar la hipótesis de que los suicidas nunca tuvieron la voluntad de matarse. Tampoco aceptaremos la hipótesis de que padecía una enfermedad terminal cuyo desenlace trágico se caracteriza por una actuación del fallecido (ahorcamiento, disparo de arma de fuego, intoxicación).

Creer en el libre albedrío tiene varias ventajas. Por ejemplo:

Nos sentimos dueños absolutos de nuestra realidad, creemos poder evitar las enfermedades y hasta la muerte, podemos condenar a quienes cometieron algún error o delito.

Creer en el determinismo tiene varios inconvenientes. Por ejemplo:

No tenemos ningún protagonismo en nada que nos acontezca, somos integrantes pasivos de la Naturaleza, nadie es culpable de nada sino que, en todo caso, es coprotagonista de un hecho fortuito.

Por lo tanto, creer en el libre albedrío es placentero, aunque no sea real, mientras que, creer en el determinismo es displacentero, aunque sea real.

(Este es el Artículo Nº 2.201)

domingo, 6 de abril de 2014

La Revolución Cubana compensa dos carencias


Mediante esta descripción pretendo decir que la Revolución Cubana existe porque en esa isla no tienen un territorio inhóspito ni ricos acaparadores.

Los humanos nos desarrollamos mejor si tenemos que luchar para conseguir el alimento.

En realidad, no sé qué órgano es más importante para nuestra especie. Los racionalistas dicen que es el cerebro y los románticos dicen que es el corazón; quizá el que más determina nuestras acciones sea el estómago, sin el cual no padeceríamos hambre que nos obliga a conseguir comida y sin el cual no tendríamos ganas de dormir cuando hemos comido en exceso.

Un segundo órgano importante es el útero, ¡otro órgano hueco! Es en él que se desarrollan nuevos ejemplares, pero debería decir que es en él donde se desarrollan nuevos estómagos que vienen a aumentarnos las necesidades que nos obliga tiránicamente a trabajar, administrar, ahorrar, aguzar el ingenio, ser egoístas o solidarios, según haya o no abundancia de alimentos.

Si aceptamos que el órgano que dirige nuestras vidas es el estómago, también podremos pensar que las circunstancias de cada pueblo pueden ser alguna de estas tres:

1) Que vivamos en un suelo rico y con libertad absoluta, en cuyo caso tendremos personas acaparadoras, ambiciosas, capaces de concentrar enormes fortunas, para que la abundancia no nos vuelva indolentes, haraganes, apáticos, tontos, carentes de energía, de voluntad, de creatividad. Con esto estoy tratando de decir que los ricos son un producto de la naturaleza encargado de regular la abundancia de alimentos;

2) Que vivamos en un lugar árido, de suelo y clima inhóspitos, que nos obligue a trabajar mucho, a unirnos para ganar fuerza, a ser austeros, ahorrativos, disciplinados, para que entre todos podamos enfrentar la escasez del suelo y la agresividad climática (frío, falta de luz, sismos, esterilidad del terreno, exceso o escasez de agua);

3) Que vivamos en un suelo rico pero sin millonarios explotadores, entonces tenemos tiranos que obligan a la población a vivir como si el territorio fuera miserable o como si existieran personas acaparadoras de grandes fortunas (ricos).

Mediante esta descripción pretendo decir que la Revolución Cubana existe porque en esa isla no tienen un territorio inhóspito ni ricos acaparadores.

(Este es el Artículo Nº 2.154)


Hacer el amor o el odio


Existe la posibilidad de que algunos casos de violencia doméstica sean en realidad intentos reproductivos frustrados, en los que ella quiso excitarlo sexualmente hostigándolo, sin imaginarse que él se enfurecería y la atacaría destructivamente.

En otro artículo (1), y mediante un rodeo racional, llegué a la conclusión de que el género no marcado masculino, propio de nuestro idioma, no podría ser femenino como ellas reclaman.

Para hacerlo más claro: el idioma indica que en un grupo de niños de ambos sexos, deberá decirse los niños, inclusive en el caso de que sean 99 niñas y un solo niño. Por supuesto, ellas pretenden que la situación sea la inversa, o, en todo caso, que el género esté determinado por la prevalencia, es decir, si en 100 niños, 51 son niñas, entonces que fuera correcto decir genéricamente las niñas.

La explicación expuesta en ese artículo, (cuya lectura me permito sugerir, tan solo siguiendo el link que se entrega al final de este artículo), hacía referencia a que el género no marcado es masculino para que las mujeres se molesten, protesten, les reclamen a los hombres, estos se exciten sexualmente, tengan sexo con ellas para apaciguarlas, y así terminemos gestando nuevos ejemplares que aseguren la conservación de la especie.

Reforzaba este argumento diciendo que si el género no marcado fuera el femenino y quienes se molestaran fueran los varones, la reivindicación no daría lugar a relaciones sexuales reproductivas sino a reclamos violentos, destructivos, atentatorios contra la conservación de la especie.

En los hechos, —y este es el núcleo del presente artículo—, no siempre que las mujeres irritan a los varones con sus reclamaciones obtienen un apaciguamiento amoroso, fecundador.

Efectivamente, puede ocurrir que un varón se sienta acosado y, en vez de tratar de apaciguar a la mujer haciéndole el amor de forma reproductiva, opte por atacarla, con violencia física o psicológica, destructiva, hiriente, desmesuradamente agresiva, buscando matar a la mujer que protesta porque se siente poco querida en una sociedad donde el género no marcado es masculino.

En conclusión: existe la posibilidad de que algunos casos de violencia doméstica sean en realidad intentos reproductivos frustrados, en los que ella quiso excitarlo sexualmente hostigándolo, sin imaginarse que él se enfurecería y la atacaría destructivamente.


(Este es el Artículo Nº 2.168)


  

Erotismo lingüístico


Que el género masculino sea el género por defecto en nuestro idioma se explica porque la reclamación reivindicativa de las mujeres es erótica, mientras que si la reclamación fuera de los varones sería destructiva.

Este artículo retoma, desde otro punto de vista, un tema que ya fue comentado en un texto y video anteriores (1).

En este caso intento compartir una explicación de por qué en nuestro idioma castellano existe un cierto privilegio del género masculino, con una característica que, técnicamente, se denomina género no marcado masculino.

Así como en los programas de computación encontramos que algunas opciones están determinadas por defecto, en nuestro idioma ocurre algo similar con el género.

En Word, por ejemplo, la fuente por defecto la letra Normal, aunque también existen opciones de letra cursiva, negrita o ambas combinadas. Cuando no hacemos una configuración expresa, el programa utiliza la letra Normal.

En nuestro idioma, podemos decir los niños aun cuando nos estemos refiriendo a un grupo integrado por niños y niñas.

Es habitual que las mujeres se sientan incómodas por esta discriminación que parece no tenerlas en cuenta. Por esto, algunos políticos notoriamente demagogos, fuerzan el idioma y, para referirse a un grupo mixto de niños, dicen los niños y las niñas, siendo que el castellano nos indica que es correcto decir los niños para indicar la inclusión de ambos sexos.

La causa, el origen, de esta aparente injusticia que pone al sexo femenino en un segundo lugar, podría ser la siguiente:

Para estimular la fecundación entre los humanos, es positiva una disconformidad genérica, difusa, constante, de la mujer, que la estimule para molestar, irritar, quejarse ante el varón que ella haya seleccionado para padre de sus hijos. Si ella está molesta (por ejemplo, por sentirse desplazada lingüísticamente), lo molestará, lo excitará sexualmente, él tratará de calmarla para que deje de molestarlo, y, luego de copular, el vínculo volverá a sus mejores condiciones, pero con una mujer embarazada que colaborará en la conservación de la especie.

En suma: la arbitraria elección del sexo masculino como género no marcado, permite que ellas exciten sexualmente al varón y la especie asegure su conservación. Si, por el contrario, el género no marcado fuera el femenino, la reacción reivindicativa del varón no sería precisamente erótica, sino violenta, destructiva, aniquiladora de la especie.


(Este es el Artículo Nº 2.167)


 

La mente no admite cualquier idea


La intolerancia ideológica, religiosa, filosófica, es causada por un rechazo provocado por el sistema inmune ya conocido o por algún otro de funcionamiento similar.

Tendemos a pensar que podemos entender y aceptar cualquier idea, así como también creemos que nos gusta toda la música, sea cual fuere.

Esto no es así: solo podemos aceptar aquellas ideas que puedan entrar en armonía con las ideas que ya tenemos en nuestra mente.

Claro que, como condición previa, la comprensión de cualquier idea está determinada por la posesión de los conocimientos que esta idea da por sabidos. Jamás podríamos entender asuntos que están por fuera de nuestras competencias, saberes, información básica.

Tampoco podemos aceptar, incorporar, admitir, toda aquella idea que esté en contra de nuestra configuración de mundo, o de nuestra filosofía de vida, o de nuestras creencias más firmes y profundas.

Por lo tanto, esa ductilidad de nuestra mente no es tal. Solo nos creemos tan capaces cuando no hemos tenido la oportunidad de acceder a teorías que nos exigen aptitudes que están fuera de nuestro alcance.

Aun cuando seamos capaces de entender las novedades que se nos presentan, tampoco es seguro que podamos incorporarlas como verdaderas. La convivencia de las nuevas ideas depende de las demás ideas que ya tenemos incorporadas. Por decirlo metafóricamente, cada nueva idea debe hacer un trámite de inmigración a nuestra mente, que terminará siendo aprobado o desaprobado.

De esta aceptación o no aceptación surgen la intolerancia, la negación, la incomprensión, la discriminación, la descalificación, el rechazo activo o la indiferencia mortífera.

Nuestra mente, así como el resto del cuerpo, no acepta cualquier injerto: algún sistema inmune, (o el ya conocido que nos protege de los microorganismos), nos protege de todo aquello que pudiera entrar en conflicto con nuestra armonía y coherencia saludables.

Esta podría ser una explicación de por qué no podemos aceptar algunas creencias. Es el propio cuerpo el que las rechaza como si se tratara de un tejido extraño.

(Este es el Artículo Nº 2.164)